Mostrando entradas con la etiqueta symposium. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta symposium. Mostrar todas las entradas

20200816

[Platón, El Banquete (Symposium), 211b y sigs.]

Diotima : Esta es la vía recta que hay que seguir en el dominio de las cosas del amor, o por la que hay que dejarse conducir por otro : Se trata de elevarse siempre, como por medio de escalones, tomando como punto de partida las hermosuras de aquí abajo a fin de dirigirse hacia esa otra hermosura. Pasando de un solo cuerpo hermoso a dos, de dos cuerpos hermosos a todos los cuerpos hermosos, de los cuerpos hermosos a las hermosas ocupaciones, y de las ocupaciones a los hermosos conocimientos que son ciertos, después, de los hermosos conocimientos que son ciertos a este conocimiento que constituye el término, y que no es otro que la ciencia de la propia hermosura, con el fin de conocer finalmente la hermosura en sí misma.

Es en este punto de la vida, estimado Sócrates, continuó lo extranjera de Mantinea, más que en cualquier otro, donde se sitúa el momento en que, para el ser humano, la vida merece la pena ser vivida, porque contempla la hermosura en sí misma.

20200815

[Platón, El Banquete (Symposium), 210e]

Diotima : Ahora procura prestarme toda la atención de la que seas capaz. Quien ha sido guiado hasta este punto siguiendo las instrucciones relativas a Eros, que ha contemplado las cosas hermosas en su sucesión y en su orden correcto, puesto que ha llegado ahora al término supremo de los misterios del amor, percibirá de repente algo maravillosamente hermoso, justamente aquello, Sócrates, que era el objetivo de todos sus esfuerzos anteriores; una realidad, en primer lugar, que no está sometida al cambio, que no nace ni muere, que no aumenta ni disminuye; una realidad, por lo demás, que no es hermosa por un lado y fea por otro, hermosa un momento y fea en otro, hermosa bajo cierta perspectiva y fea bajo otra perspectiva, hermosa aquí y fea en otra parte, hermosa para algunos y fea para otros. [...] No. Se le aparecerá en ella misma y por ella misma, perpetuamente unida a ella misma en la unicidad de su aspecto, mientras que todas las demás cosas que son hermosas participan de esta hermosura de tal manera que ni su nacimiento ni su muerte la hacen mayor ni la disminuyen en nada, ni producen ningún efecto en ella.

El Amor, filósofo

D(iotima): Entre los Dioses no hay ninguno que se dedique a filosofar, ninguno que tenga el deseo de hacerse sabio, pues ya lo es. Pero, por otra parte, tampoco los ignorantes se dedican a filosofar, ni tienen ningún deseo convertirse en sabios. Y esto es lo que hay de molesto en la ignorancia, que produce precisamente el pésimo efecto de convencer a los que no son hermosos, ni buenos, ni sabios, de que poseen estas cualidades. Y nadie desea aquello que ya cree poseer. -- S(ócrates): Entonces, ¿quiénes son los que se dedican a filosofar si no son los sabios ni los ignorantes,? -- D. La cosa está clara hasta para un niño. Son los que están a mitad de camino entre esos dos extremos, y el Amor es de este número. Debido a que la sabiduría es una de las cosas más hermosas que hay, y que el Amor ama todo lo que es hermoso, es preciso concluir que el Amor es amante de la sabiduría y, por tanto, filósofo, y, como tal, intermediario entre el sabio y el ignorante. - (Platón, El banquete).